Cómo acompaño…
Para mí, acompañar empieza siempre por lo mismo: aprender a reconocer cómo sentimos. Entender de dónde vienen nuestras emociones, qué nos están mostrando y qué es lo que necesitamos.
Creo que cuando tomamos conciencia de nuestro mundo emocional, se abre la posibilidad de elegir mejor cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. No se trata de controlar lo que sentimos, sino de aprender a escucharlo y de encontrar las herramientas que mejor se adapten a cada persona y a cada momento de su vida.
La gestión emocional es, para mí, una base fundamental para construir una vida más armoniosa. Una base que atraviesa lo personal, lo familiar y lo profesional. Este enfoque ha estado presente en todos los espacios en los que he trabajado: la educación, los acompañamientos familiares y de crianza, las sesiones individuales, los talleres para madres, padres y docentes, así como charlas y formaciones en escuelas y empresas.
Trabajo con adultos y adolescentes, y en todos los procesos el punto de partida es el mismo: las emociones. A través de ellas es donde podemos empezar a hilar, comprender lo que nos pasa y darle sentido a nuestras experiencias. Pero para que eso ocurra, es necesario detenernos, mirar hacia adentro y desarrollar conciencia emocional.
Desde ahí escucho, acompaño y ayudo a clarificar objetivos, a tomar decisiones con mayor coherencia y a encontrar herramientas prácticas que permitan gestionar el día a día con más claridad y seguridad. Siempre partiendo del entendimiento emocional, porque es desde ese lugar donde los cambios se sostienen y los procesos se vuelven verdaderos.